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viernes, 8 de enero de 2021

 

VELADAS DE TOROS EN LAS FIESTAS DE BENÍNAR

 

    El Encierro del Toro


    Muchos benineros recordarán unas veladas de toros que se organizaban en las fiestas del pueblo de los últimos años, que eran una parodia de las corridas de la fiesta nacional; como unas representaciones teatrales, en las que el espectáculo estaba garantizado por la gracia de los que hacían de toro, de toreros, de picadores y sobre todo por los que ocupaban la presidencia de la corrida, por las ocurrencias que tenían, que provocaban al público, que no dudaba en armar un alboroto cuando se veía contrariado en sus peticiones.

 

       Más bien fueron pocas, no se anunciaban previamente, no figuraban en el programa de las fiestas ni se iniciaban a una hora en punto, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide. Componentes de la banda de música hacían sonar clarines y timbales, para que saliera el toro, y era cuando el público se enteraba y despejaba la plaza colocándose alrededor.

 

     Para nosotros era un gran acontecimiento taurino, con encierro previo incluido; con la reaparición de los valientes matadores aficionados de la localidad y pueblos limítrofes. Corrida en la que se picaba, banderilleaba y sería muerto a estoque un solo toro de la acreditada ganadería de Pelayo, con la divisa verde y blanca (siempre se decía que era de esta ganadería). Se trataba de relanzar la fiesta con el desarrollo del evento taurino, a petición de los vecinos de la localidad.

 

No pretendo hacer un reportaje, sino una reconstrucción de los hechos para salvar unos recuerdos que el tiempo trata ya de olvidar:


 Como en años anteriores, ya caída la tarde, se celebró el encierro que discurrió sin incidentes desde la Casa Hierros donde se guardaba, por la placeta y el callejón hasta desembocar en la plaza del Doctor Sánchez Quero, que fue reconvertida en improvisada Plaza de Toros; en el que los principiantes más osados,  pequeños y mayores ( sobre todo la chiquillería) se divirtieron esquivando las envestidas del toro.


¿ COMO ESTABA LA PLAZA ?

                                                          La Presidencia de la Corrida

 

    La plaza estaba a rebosar, cubriendo los espectadores todo el alrededor y las esquinas, superando con creces el foro permitido. Aquella tarde el tórrido sol de agosto había dado paso a una velada con temperatura todavía  poco agradable y la gente del pueblo, que desde primera hora de la mañana se había puesto sus mejores galas para la celebración de los festejos se fue buscando un lugar, como igualmente hicieron un gran número de forasteros procedentes de las poblaciones de la comarca y de benineros venidos de los pueblos próximos, de Almería capital y sobre todo de las lejanas tierras de Cataluña.

 

    Justo detrás del palco de la presidencia donde me encontraba y delante de la banda de música que amenizaba el festejo, podía observar la gente arremolinada del lado de enfrente, completamente desprotegidas por la inexistencia de gradas, contrabarreras y burladeros.

 

    En el palco presidencial, ocupando un lugar destacado, estaban los organizadores del festejo, que tuvieron un destacado papel en el desarrollo de su función, yo diría que fueron el alma de la fiesta con sus ocurrencias y adopción de decisiones.

 

    Las cuadrillas delante de la fachada del edificio municipal, preparadas ya para el comienzo del espectáculo, giraron la vista hacia las escalerillas y la puerta de la iglesia para encomendar su suerte antes de realizar el paseíllo hasta el lugar del saludo a la presidencia en la plaza, donde se celebró la lidia bajo un calor inclemente que no desanimó a la afición congregada y en la que no faltó incluso algún espontáneo. Una vez saludado al presidente del festejo desde el ruedo, los matadores se dispusieron tras la barrera a esperar la salida del primer astado.

 

CORRIDA CON PICADORES

                                                           Los Picadores

    Una corrida con picadores significa que es de categoría. Sin embargo, cuando salía el picador no le gustaba a los benineros y hacían ostensibles sus protestas para que picaran poco al toro y así estuviera más fuerte.

 

    Al joven picador le había tocado en suerte lidiar aquel buen toro con una burra y una vara larga de las de varear y sin más peto que la albarda. Como tampoco le tapaban los ojos a la pollina, no se acercaba lo suficiente y tenía que tirar el ayudante para adelante exponiendo su propia vida, mientras el público no paraba de protestar en el graderío.


    A mi abuela tampoco le gustaban los picadores, cuando veía los toros en la tele decía: “ya está ahí el de la mulilla” y miraba para otro lado porque no podía soportarlo. En la foto se ve que sale con cara de enfadada al ver esos tipos raros de los toros pegados a su fachada, sin darse cuenta que pasa casi rozando la punta de los cuernos del astado y es que el toro le ha llamado la atención, le recuerda a algo. Se parecía demasiado a unas enaguas que ella tenía guardadas en el arca del cuarto oscuro.

 

    Resulta que mientras que en las plazas la mayor parte de los toros de lidia son de pelaje negro, en la de Benínar tenían todos un pelaje negro raído, descolorido tirando marrón; porque allí no había tiendas de retales y la única tela que encontraban los jóvenes para confeccionar el toro era la del vestido de alguna abuela. Es posible por eso que a mi abuela le desaparecieran aquel año las enaguas.

 

DESARROLLO DE LA LIDIA

  La Lidia del Toro

    En la corrida el que más trabajo tenía era el toro, que incluso después de muerto y arrastrado salía una y otra vez a la lidia de la próxima faena porque no teníamos más que uno. Pero es un secreto de que poca gente se daba cuenta, porque de noche todos los toros son pardos y la mayoría pensaba que eran toros distintos los que salían.

 

    Y entre una nube de aficionados en la plaza que buscaban una oportunidad, por los toriles irrumpió la res que le correspondió lidiar en primer lugar a un torero de Darrícal, que le hizo frente con sus lindos lances, siendo envestido por el vacuno cayendo al suelo en dos ocasiones sin más consecuencias. No obstante, el toro llegó a cogerle en uno de esos derribos, quedando todo en un gran susto a pesar del revolcón que le propinó. Estuvo bien en banderillas siendo ovacionado. Continuó con desigual suerte con la muleta y sufrió una grave cogida tras su faena al finalizar la lidia cuando iba a entrar a matar. El percance sufrido le obligó a ser retirado del coso en volandas, ingresando en la enfermería que estaba situada en la antigua cárcel debajo del Ayuntamiento, para no volver más al albero. Compadecida la presidencia, consideró que darriqueño había realizado una superior faena con pases de todas las marcas, para consumarla con el intento de matar y le concedió las dos orejas. Se las tuvieron que llevar a la dependencia sanitaria debido al mal estado que presentaba su muslo derecho por la cornada recibida, lo que le imposibilitó salir a saludar al respetable y la res fue rematada por su cuadrilla

 

    Mal agüero de entrada, por tanto, ante la fatal cogida del darriqueño. De esta manera desgraciada, el torero de Turón, como segundo espada, comenzó su faena. El diestro, parecía principiante e inexperto, pero venía dispuesto a salir por la puerta grande. Estuvo colosal con el noble ejemplar que salió. Le instrumentó artísticos y mandones pases naturales y derechazos acabando con una certera estocada, que le valieron las dos orejas y el rabo.

 

    En tercer lugar actuó el torero beninero que era el ídolo de la afición y resultó triunfante en todas fases de la lidia. Lo malo fue cuando el público solicitó, con una mayoría de pañuelos blancos, que se le concedieran las dos orejas, el rabo y la pata; a lo que se negaba el presidente por lo que se armó tal jaleo de gritos y chiflidos que se oyeron hasta en los pueblos de la sierra. El presidente tuvo que acceder y su vuelta al ruedo fue apoteósica, con los espectadores de los tendidos puestos en pie dando saltos de júbilos. Vítores y aplausos cerrados que obligaban al torero a irse deteniendo para devolver, o agradecer personalmente a sus dueños, los objetos personales que le eran lanzados al albero desde las gradas y balcones; bien se tratara de sombreros, aves de corral o hasta una bota de vino; en este último caso para que el torero apaciguara la sed ante el enorme sofoco reinante, correspondiendo el joven maestro con un largo trago.

 

    Concluida la segunda vuelta al redondel, beninero ya repuesto, gracias también al milagroso botijo de agua de su cuadrilla, delante de la barrera, con el capote en mano y con la mano alzada, saludó al público y autoridades, dándoles las gracias, tras lo cual se concluyó la corrida.

 

CORRIDA DE TOROS DE VERDAD 


Corrida de Verdad


    Una vez trajeron en las fiestas de Benínar un toro de verdad y cuando lo soltaron en la plaza pasé un mal rato, porque se vino hacia mí y yo, que tenía previsto subirme a una ventana de reja, me encontré de pronto que estaba ocupada y no había donde agarrarse.

 

    No me dio tiempo más que a cerrar los ojos pensando que me la jugaba y cuando los abrí vi como el toro se escapaba por un claro entre el público y no tardó en transponer por el barrio hondillo camino de la vega.

     Digamos que eso fue lo que duró la corrida, porque jóvenes y mayores se fueron a buscar el toro, unos río abajo otros por la ramblilla arriba. Se alumbraban con los mecheros sin ningún resultado, porque entonces no había linternas de móviles.

 

    Pronto regresaron y la orquesta se puso a amenizar la velada. Sobre lo que pasó con el toro os puedo decir que el dueño apareció en la plaza muy de madrugada, desolado, porque no lo encontraba. Tuvo que avisar a los guardias, que se habían marchado a descansar antes que todo comenzase, y fue un acierto. Éstos, que ya habían echado un primer sueño, no tardaron ni una hora en aparecer por la esquina de la plaza conduciendo al toro, uno a cada lado cogidos de un cuerno como si llevaran a un preso.

     No ofrecía la más mínima resistencia y es cuando me di cuenta que el toro era inofensivo. No era un novillo, ni una vaquilla, parecía que lo que habían traído era al hijo del toro, no más grande que una cabra.

     Lo metieron en la furgoneta y el dueño, que tenía la boca seca de la irritación, arrancó y se fue sin ni siquiera pararse a tomar un vaso de aguanieve que le traían del quiosco próximo que había en la escuelilla.

 

Espero que este recuerdo haya sido de vuestro agrado.

 

MANUEL F. MALDONADO RUIZ

Diciembre de 2020

3 comentarios:

  1. Gracias Manuel, magnífica exposición de tus recuerdos de aquella corrida de toros beninera y magnífico trabajo de reconstrucción de las fotos-montaje de tus recuerdos vividos en esa velada torera.

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  2. Yo recuerdo en otra ocasión que un tal Manuel el de Pasión que le decían en Berja,muy aficionado al toreo, trajo o medio para traer una vaquilla que estaba bien desarrollada, y sabía latín la vaca, le habían dado ya más pases que al toro de Osborne.
    Cogí la capa y me puse a unos cuatro metro de distancia, no me dio tiempo a abril el capote se arrancó como una flecha, me di cuenta cuando estaba tumbado en el suelo. Mira no sé cómo caí que se me desollaron los codos y todavía me duele.

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  3. Todavía me llega la boca a las orejas viviendo esta corrida que tan bien describes Manuel, y que casi hasta la mitad de tu relato me la he creido "a pie juntillas",pero podía haber ocurrido perfectamente, conociendo las ocurrencias y el arrojo de los jóvenes benineros.

    Tampoco tenía noticias de la verdadera...

    Me ha encantado nuestra Plaza, convertida en un coso taurino.

    Felicidades Manuel.

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