VELADAS DE TOROS EN LAS FIESTAS DE
BENÍNAR
Muchos benineros recordarán unas veladas de toros que se organizaban en las fiestas del pueblo de los últimos años, que eran una parodia de las corridas de la fiesta nacional; como unas representaciones teatrales, en las que el espectáculo estaba garantizado por la gracia de los que hacían de toro, de toreros, de picadores y sobre todo por los que ocupaban la presidencia de la corrida, por las ocurrencias que tenían, que provocaban al público, que no dudaba en armar un alboroto cuando se veía contrariado en sus peticiones.
Más bien fueron pocas, no se anunciaban previamente, no figuraban en el programa de las fiestas ni se iniciaban a una hora en punto, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide. Componentes de la banda de música hacían sonar clarines y timbales, para que saliera el toro, y era cuando el público se enteraba y despejaba la plaza colocándose alrededor.
Para nosotros era un gran acontecimiento taurino, con encierro previo incluido; con la reaparición de los valientes matadores aficionados de la localidad y pueblos limítrofes. Corrida en la que se picaba, banderilleaba y sería muerto a estoque un solo toro de la acreditada ganadería de Pelayo, con la divisa verde y blanca (siempre se decía que era de esta ganadería). Se trataba de relanzar la fiesta con el desarrollo del evento taurino, a petición de los vecinos de la localidad.
No pretendo hacer un reportaje, sino una reconstrucción de los hechos para salvar unos recuerdos que el tiempo trata ya de olvidar:
¿ COMO ESTABA LA PLAZA ?
La Presidencia de la Corrida
La plaza estaba a rebosar, cubriendo los
espectadores todo el alrededor y las esquinas, superando con creces el foro
permitido. Aquella tarde el tórrido sol de agosto había dado paso a una velada
con temperatura todavía poco agradable y
la gente del pueblo, que desde primera hora de la mañana se había puesto sus
mejores galas para la celebración de los festejos se fue buscando un lugar,
como igualmente hicieron un gran número de forasteros procedentes de las
poblaciones de la comarca y de benineros venidos de los pueblos próximos, de
Almería capital y sobre todo de las lejanas tierras de Cataluña.
Justo detrás del palco de la presidencia donde me encontraba y delante de la banda de música que amenizaba el festejo, podía observar la gente arremolinada del lado de enfrente, completamente desprotegidas por la inexistencia de gradas, contrabarreras y burladeros.
En el palco presidencial, ocupando un lugar
destacado, estaban los organizadores del festejo, que tuvieron un destacado
papel en el desarrollo de su función, yo diría que fueron el alma de la fiesta
con sus ocurrencias y adopción de decisiones.
Las cuadrillas delante de la fachada del edificio
municipal, preparadas ya para el comienzo del espectáculo, giraron la vista
hacia las escalerillas y la puerta de la iglesia para encomendar su suerte
antes de realizar el paseíllo hasta el lugar del saludo a la presidencia en la
plaza, donde se celebró la lidia bajo un calor inclemente que no desanimó a la
afición congregada y en la que no faltó incluso algún espontáneo. Una vez
saludado al presidente del festejo desde el ruedo, los matadores se dispusieron
tras la barrera a esperar la salida del primer astado.
CORRIDA CON PICADORES
Los Picadores
Una corrida con picadores significa que es de categoría. Sin embargo, cuando salía el picador no le gustaba a los benineros y hacían ostensibles sus protestas para que picaran poco al toro y así estuviera más fuerte.
Al joven picador le había tocado en suerte lidiar aquel buen toro con una burra y una vara larga de las de varear y sin más peto que la albarda. Como tampoco le tapaban los ojos a la pollina, no se acercaba lo suficiente y tenía que tirar el ayudante para adelante exponiendo su propia vida, mientras el público no paraba de protestar en el graderío.
A mi abuela tampoco le gustaban los picadores,
cuando veía los toros en la tele decía: “ya está ahí el de la mulilla” y miraba
para otro lado porque no podía soportarlo. En la foto se ve que sale con cara
de enfadada al ver esos tipos raros de los toros pegados a su fachada, sin
darse cuenta que pasa casi rozando la punta de los cuernos del astado y es que
el toro le ha llamado la atención, le recuerda a algo. Se parecía demasiado a
unas enaguas que ella tenía guardadas en el arca del cuarto oscuro.
Resulta que mientras que en las plazas la mayor
parte de los toros de lidia son de pelaje negro, en la de Benínar tenían todos
un pelaje negro raído, descolorido tirando marrón; porque allí no había tiendas
de retales y la única tela que encontraban los jóvenes para confeccionar el
toro era la del vestido de alguna abuela. Es posible por eso que a mi abuela le
desaparecieran aquel año las enaguas.
DESARROLLO DE LA LIDIA
En la corrida el que más trabajo tenía era el toro, que incluso después de muerto y arrastrado salía una y otra vez a la lidia de la próxima faena porque no teníamos más que uno. Pero es un secreto de que poca gente se daba cuenta, porque de noche todos los toros son pardos y la mayoría pensaba que eran toros distintos los que salían.
Y entre una nube de aficionados en la plaza que
buscaban una oportunidad, por los toriles irrumpió la res que le correspondió
lidiar en primer lugar a un torero de Darrícal, que le hizo frente con sus
lindos lances, siendo envestido por el vacuno cayendo al suelo en dos ocasiones
sin más consecuencias. No obstante, el toro llegó a cogerle en uno de esos
derribos, quedando todo en un gran susto a pesar del revolcón que le propinó.
Estuvo bien en banderillas siendo ovacionado. Continuó con desigual suerte con
la muleta y sufrió una grave cogida tras su faena al finalizar la lidia cuando
iba a entrar a matar. El percance sufrido le obligó a ser retirado del coso en
volandas, ingresando en la enfermería que estaba situada en la antigua cárcel
debajo del Ayuntamiento, para no volver más al albero. Compadecida la
presidencia, consideró que darriqueño había realizado una superior faena con
pases de todas las marcas, para consumarla con el intento de matar y le
concedió las dos orejas. Se las tuvieron que llevar a la dependencia sanitaria
debido al mal estado que presentaba su muslo derecho por la cornada recibida,
lo que le imposibilitó salir a saludar al respetable y la res fue rematada por
su cuadrilla
Mal agüero de entrada, por tanto, ante la fatal
cogida del darriqueño. De esta manera desgraciada, el torero de Turón, como
segundo espada, comenzó su faena. El diestro, parecía principiante e inexperto,
pero venía dispuesto a salir por la puerta grande. Estuvo colosal con el noble
ejemplar que salió. Le instrumentó artísticos y mandones pases naturales y
derechazos acabando con una certera estocada, que le valieron las dos orejas y
el rabo.
En tercer lugar actuó el torero beninero que era
el ídolo de la afición y resultó triunfante en todas fases de la lidia. Lo malo
fue cuando el público solicitó, con una mayoría de pañuelos blancos, que se le
concedieran las dos orejas, el rabo y la pata; a lo que se negaba el presidente
por lo que se armó tal jaleo de gritos y chiflidos que se oyeron hasta en los
pueblos de la sierra. El presidente tuvo que acceder y su vuelta al ruedo fue
apoteósica, con los espectadores de los tendidos puestos en pie dando saltos de
júbilos. Vítores y aplausos cerrados que obligaban al torero a irse deteniendo
para devolver, o agradecer personalmente a sus dueños, los objetos personales
que le eran lanzados al albero desde las gradas y balcones; bien se tratara de
sombreros, aves de corral o hasta una bota de vino; en este último caso para
que el torero apaciguara la sed ante el enorme sofoco reinante, correspondiendo
el joven maestro con un largo trago.
Concluida la segunda vuelta al redondel, beninero
ya repuesto, gracias también al milagroso botijo de agua de su cuadrilla,
delante de la barrera, con el capote en mano y con la mano alzada, saludó al
público y autoridades, dándoles las gracias, tras lo cual se concluyó la
corrida.
CORRIDA DE TOROS DE VERDAD
Una vez trajeron en las fiestas de Benínar un toro
de verdad y cuando lo soltaron en la plaza pasé un mal rato, porque se vino
hacia mí y yo, que tenía previsto subirme a una ventana de reja, me encontré de
pronto que estaba ocupada y no había donde agarrarse.
No me dio tiempo más que a cerrar los ojos
pensando que me la jugaba y cuando los abrí vi como el toro se escapaba por un
claro entre el público y no tardó en transponer por el barrio hondillo camino
de la vega.
Pronto regresaron y la orquesta se puso a amenizar
la velada. Sobre lo que pasó con el toro os puedo decir que el dueño apareció
en la plaza muy de madrugada, desolado, porque no lo encontraba. Tuvo que
avisar a los guardias, que se habían marchado a descansar antes que todo comenzase,
y fue un acierto. Éstos, que ya habían echado un primer sueño, no tardaron ni
una hora en aparecer por la esquina de la plaza conduciendo al toro, uno a cada
lado cogidos de un cuerno como si llevaran a un preso.
Espero que este recuerdo haya sido de vuestro
agrado.
MANUEL F. MALDONADO RUIZ
Diciembre de 2020





Gracias Manuel, magnífica exposición de tus recuerdos de aquella corrida de toros beninera y magnífico trabajo de reconstrucción de las fotos-montaje de tus recuerdos vividos en esa velada torera.
ResponderEliminarYo recuerdo en otra ocasión que un tal Manuel el de Pasión que le decían en Berja,muy aficionado al toreo, trajo o medio para traer una vaquilla que estaba bien desarrollada, y sabía latín la vaca, le habían dado ya más pases que al toro de Osborne.
ResponderEliminarCogí la capa y me puse a unos cuatro metro de distancia, no me dio tiempo a abril el capote se arrancó como una flecha, me di cuenta cuando estaba tumbado en el suelo. Mira no sé cómo caí que se me desollaron los codos y todavía me duele.
Todavía me llega la boca a las orejas viviendo esta corrida que tan bien describes Manuel, y que casi hasta la mitad de tu relato me la he creido "a pie juntillas",pero podía haber ocurrido perfectamente, conociendo las ocurrencias y el arrojo de los jóvenes benineros.
ResponderEliminarTampoco tenía noticias de la verdadera...
Me ha encantado nuestra Plaza, convertida en un coso taurino.
Felicidades Manuel.