"La primera función de la teoría de los ídolos consiste en hacer que los hombres tomen conciencia de aquellas nociones falsas que entorpecen su mente y que les impide el camino hacia la verdad"
Un viento huracanado llamado "Gloria" , tumba la escultura -David y Goliat- en la Villa Olímpica de Barcelona
Valores y méritos que sí encarnaban los ídolos del Antiguo Testamento: imágenes destinadas a representar intereses, ideales o aspiraciones comunales, pero que también podían quedar reducidos a polvo cuando se enfrentaban a una verdad superior. Bastó una honda para abatir la arrogancia de un gigante con pies de barro, derribado sobre la arena por un rival que, al vencerlo, abría así el camino hacia la libertad del pueblo.
Comparemos ahora esa imagen con el monumento al que nos referimos. ¿Puede atribuirse a esta obra el mismo valor simbólico? ¿Representa verdaderamente una gesta, un ideal o una aspiración general, o se erige, por el contrario, contra la propia medida natural del hombre, negando todo aquello de donde procede?
"Nada se crea ni se destruye, sino que todo descansa en la desintegración y mezcla de la materia, lo que explica la variedad de cosas"
(Empedocles de Agrigento, Sicilia (490-430 a. de C. concibe la realidad como una combinación y separación de cuatro raíces: aire, agua, fuego y tierra)
***
La madre Naturaleza conspira así con uno de sus elementos para espiar la soberbia humana y castigar su humana condición porque le perdió el respeto sin compasión. ¿Será suficiente dicha ventolera para concienciarnos, del poder humano frente al divino, el daño que estamos causando a la tierra? ¿O somos aquellas víctimas inocentes, según la teoría popularizada en 1972 por el meteorólogo Edward Lorenz, del efecto mariposa que dice: el aleteo de una mariposa en Australia podría causar un huracón en EE.UU y arrasar cuanto se interpone a su paso, hasta alcanzar a la Sefarad judía del noreste peninsular?
No acusemos a los elementos que Dios creó y puso sobre la tierra para que aprendamos a proteger su legado que con tanto esmero nos encomendó; aprendamos a utilizar nuestro intelecto y el libre albedrío como una obra cumbre de Su Creación.
tu vocación,
tu estrella,
aquello para lo que sirves,
aquello donde realmente
eres único entre los hombres.
Esfuérzate en tu quehacer
como si en cada detalle que piensas,
en cada palabra que dices,
en cada pieza que pones,
en cada golpe de martillo que das,
dependiera la salvación de la humanidad.
Porque depende, créeme"
El poema de J. Maragall, nos invita a tomarnos en serio todo aquello que hacemos, sea cual sea la dimensión aparente de la tarea. El campesino que cultiva la tierra, el artesano que trabaja con sus manos, el artista que ilumina su obra o el industrial que transforma la materia participan, cada uno a su manera y con igual dignidad: la de conocer un oficio, ejercerlo con entrega y buscar en él la máxima perfección posible.
El oficio nace muchas veces de la repetición. Repetir un gesto, una técnica, el modo de trabajar, hasta que la experiencia va eliminando lo superfluo para alcanzar cierta naturalidad. Lo que al principio requiere esfuerzo termina convirtiéndose en conocimiento, y ese conocimiento, cuando se ejercita con paciencia y cuidado, puede llegar a convertirse en maestría o tal vez, obra de arte.
Pero el arte introduce algo más. El artista no abandona el oficio: se sirve de él. Sobre el conocimiento de la materia, con la precisión de la mano y la experiencia acumulada, añade una mirada propia. Allí donde el artesano domina la producción, el artista busca también expresar, sugerir, revelar su rúbrica.
Por eso una obra puede nacer de los materiales más humildes y con el procedimiento más sencillo. Unos simples recortes de papel, doblados y dispuestos de determinada manera, pueden dejar de ser solamente papel para convertirse en lenguaje visible, donde queda depositada una intención que invita al espectador a mirar más allá de lo visible, y preguntarse qué quiso decir el artista que lo imaginó.
Quizá ahí se encuentra la verdadera grandeza del arte: en conseguir que algo, aparentemente sencillo, nos obligue a detenernos y mirar de nuevo con distinta curiosidad. La materia sigue siendo la misma, pero el ingenio la ha transformado.
El oficio da al artista las manos; la imaginación le da un mundo que expresa su idea. La técnica permite realizar la obra, pero la motivación le da sentido. Y cuando ambas coinciden, el trabajo deja de ser trabajo para convertirse en arte y belleza, además de prestar servicio a los demás.
“El diseño es una actividad creativa que consiste en determinar las propiedades formales de los objetos que se van a producir industrialmente.
Por propiedades formales de los objetos no deben entenderse solamente las características exteriores, sino sobre todo las relaciones estructurales que hacen de un objeto (o de un sistema de objetos) una unidad coherente, tanto desde el punto de vista del productor como del consumidor”
(Tomás Maldonado, 1922-2018, artista)
Modificar la escala de una obra o desplazarla de su contexto original únicamente por motivos estéticos, puede suponer una alteración de las relaciones que le dieron sentido. El objeto deja entonces de responder necesariamente al código artesanal, funcional o cultural que lo origina y adquiere una nueva dimensión: la monumental y obra de arte conceptual.
Este cambio produce un efecto paradójico, adquiere una presencia espectácular pero pierde parte de la relación anterior con el original, de su función y el modo de producción del objeto, reconocible formalmente con el anterior pero descontextualizado.
[El origami o papiroflexia, procede de Japón donde tiene una carga cultural profunda. Consiste en el arte del plegado del papel. Proviene de las palabras japonesas, "ori": plegar y "kami": papel]
Don Antoni Llena, escultor, pintor y escritor, diseñó y creó un pequeño trabajo de papiroflexia. Concebido originalmente como un objeto de escala reducida. La pieza respondía a unas condiciones concretas: la fragilidad del papel, su ligereza, sus proporciones y la intimidad propia de un recortable que se sostiene entre las manos.
Sin embargo, al trasladarla a una dimensión gigante y darle el tamaño de una escala arbórea, modificó su naturaleza. Ya no se trata únicamente de ampliar un objeto, sino de alterar profundamente su relación con el espacio, con el cuerpo humano, contra las fuerzas de la naturaleza.
En este nuevo contexto, la marinada —brisa marina que forma parte constante del lugar— adquiere un papel primordial y determinante. El viento deja de ser una condición secundaria para convertirse en un medio que interviene sobre la obra que no contaba con su fuerza. Lo que en la pequeña escala podía parecer un gesto delicado, controlado y casi íntimo, adquiere en la gran escala una dimensión distinta: vulnerable, inestable o desafiante.
Y, es precisamente en esa tensión donde aparece cierto envanecimiento humano: la voluntad de llevar el objeto más allá del nivel que le corresponde, forzando sus límites y enfrentándolo en un entorno desprotegido que crece hasta alcanzar un nivel arbóreo, entonces la pieza reta a la naturaleza y establece una relación deliberadamente arriesgada contra los elementos, el espacio y el tiempo.
La obra deja de ser únicamente una papiroflexia ampliada y se convierte en una reflexión sobre la jerarquía, la transformación y los límites de la intervención del hombre sobre su esencia: un pequeño gesto de papel que, al cambiar de dimensión, adquiere otra presencia inesperada situándolo en ese delicado límite entre fragilidad vs desafío.
“Los lenguajes de las artes son propios e incomunicables, y cualquier apariencia de trasvase es mero ejercicio de impresionismo por parte del observador.
(José Carlos Mainer Baqué -historiador, Zaragoza, 1944-)
Un artista es quien decide dónde, cómo y qué materiales corresponden para realizar su trabajo. Si este se saca del contexto para el que fue concebido, esta decisión requiere la necesidad de un equipo técnico que le asesore, especialmente cuando se trata de obras que, lejos de ser simples recortes o pliegues dibujados sobre papel en una mesa —especialidad de Llena—, están construidas sobre planchas y tubos de acero inoxidable que ha de resistir la acción del viento huracanado.
Cuando a la papiroflexia la elevamos a la categoría de ídolo y pretendemos elevarla por encima de la escala humana, sin atender a las condiciones físicas que impone el cambio, suceden cosas como cuando nos visitó "Gloria", aquel tamaño vendaval... que en gloria esté.
Inseparables somos.
Si algo entre las dos gemelas se interpone,
de común acuerdo lo despedazamos”
Un arte árido, insulso, anti erótico, sin sensualidad o exuberancia vital, reprimido y aséptico".

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