Plaza de Cataluña, con algunos de los carteles exhibidos para la ocasión.
No sé cómo empezar esta pequeña crónica del 12 de octubre, Día de la Hispanidad, una fecha que simboliza el encuentro y la unión de dos mundos en uno solo. Una de las más grandes gestas que el hombre ha realizado sobre la Tierra.
Un festejo que conmemora un hecho notable que ocupa un lugar destacado en la Historia de España: el descubrimiento, para toda la Humanidad, de un nuevo continente llamado América, acontecimiento que cambió el rumbo de la historia y abrió el camino a un intercambio cultural, humano y social entre pueblos hasta entonces desconocidos entre sí.
Sin embargo sí sé cómo terminarla: con la música que, desde hace más de un siglo, acompaña el sentir popular y resuena en cualquier rincón de nuestra geografía, símbolo de unión y emoción compartida entre los españoles. Pero, eso lo dejaré para el final, cuando suenen los acordes del himno que yo quisiera nacional: "SuspirosdeEspaña".
Antes de continuar, quiero compartir las palabras de don José Antonio Vaca de Osma que dirigió a los jóvenes españoles del siglo XXI, un mensaje lleno de reflexión y amor por nuestra historia:
“… aconseja recoger todo lo que de positivo nos ofrece el pasado con un auténtico sentido patriótico que consiste en querer lo mejor para nuestro país, y no como los nacionalismos aldeanos (o nacionalismo de orejeras -ego dixit-) que quieren afirmar su pretendida personalidad contra la patria grande es decir, contra sí mismos, porque el resentido, el vencido, quien huye reconcomido por el fracaso, se cree víctima y con derecho a la venganza siendo capaz de aliarse hasta con el diablo (…). (Son) fabricantes de textos utópicos, casuísticos y doctrinarios, según los casos”.
Palabras que no pierden vigor, sobre todo en Cataluña, y en alguna otra comunidad, donde ayer, en mi admirada Barcelona, se desplegó un frente lúdico, musical y discretamente politizado a lo largo del eje que une el Paseo de Gracia con la Plaza de Cataluña, corazón de la ciudad, donde convergen la arquitectura con el estilo de vida barcelonés.
Una veintena de cortejos y grupos hispanoamericanos de danza desfilaron derramando color música, olor a fiesta y una contagiosa sensación de libertad sobre todos, especialmente sobre esa mayoría silenciosa a la que nunca lograron -ni lograrán- acallar y que espera con paciencia que vengan las victorias. Ya lo decía Ch. Chaplin: “El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto”.
Porque los nacionalismos resultan, en el fondo, paralizantes. Aunque valoremos la comunicación y apreciemos la diversidad de cada pueblo, lengua y tradición, cuando la identidad se convierte en frontera acaba estrechando horizontes, levantando recelos y debilitando aquello que más nos enriquece: la convivencia abierta, el intercambio y la posibilidad de reconocernos también en los otros y en la historia vivida de nuestra querida y común patria.
Entonces se comprende, aunque no se sea patriota declarado, que tiene uno una patria que le sigue como la sombra y que la lleva uno en los instintos.”
(Pío Baroja: "La sensualidad pervertida")
Pero por encima de esas diferencias legítimas, nos une un mismo amor porque somos humanos de una misma realidad; nos sostiene la misma tierra que alimenta a las plantas y a los otros animales que nos recuerda, con silenciosa claridad, que la verdadera riqueza no reside en la separación ni en el aislamiento sino en la capacidad de reconocernos como parte de un todo colectivo, diverso y participativo.
“Cuando los políticos abusan de los silencios, la calle apuesta por el vocerío”
(Marius Carol)
Pues no, señoras y señores: el silencio y la inhibición, fueron los grandes ausentes durante las horas que duró aquel recorrido en el que una parte considerable de la ciudadanía decidió desprenderse, por fin, del manto de resignación con el que una minoría independentista, ruidosa y excluyente, había pretendido tapar la boca y cubrir la conciencia basándose en un extremo programa de demagogos, excitando a la población y usando como chivo expiatorio al español indignado o temeroso "que necesita, para seguir, un alka-seltser como reconstituyente".
Frente a los discursos inflamados, alentados por bufones republicanos mediante tretas, o por agoreros empeñados en sostener la ficción de una seudorrepública, incubada en economías florecientes de fraudulentos enriquecidos que se encumbran como protectores del separatismo a ultranza sobre un vulgo mayoritario que está cansado del tema; intentando fracturar la convivencia para imponer un proyecto construido con fragor que divide la pluralidad del pueblo.
Con esta crónica pretendo transmitir el aroma de libertad que tan intensamente viví y sentí; una sensación que, estoy seguro, muchos de quienes lean esta crónica habrían deseado compartir y estar ahí para asistir y participar en este festivo acontecimiento celebrado en la Barcelona del mestizaje, de la concordia y de la creatividad. Una ciudad abierta y luminosa de la que siempre hace gala.
Porque Barcelona posee un espíritu propio que todo lo impregna, lo modela y lo dignifica; un carácter singular que sabemos reconocer y apreciar quienes la vivimos de verdad, día a día, entre sus calles, alejados de los tópicos, con su diversidad y esa manera tan propia de convertir la convivencia que da forma a la belleza natural.
A lo largo de la historia de la humanidad, la mayoría delas sociedades y culturas han estado dominadas por la mentalidad tribal.
(Nathaniel Branden)
Basta recordar que, en la catedral de Barcelona, desde hace más de dos siglos, los portales de la Pietat y de Sant Iu conservan aún, apenas ilegibles, dos inscripciones vinculadas a la Constitución de 1812, conocida popularmente como "La Pepa”-un texto fundamental de la histórica Constitución española-.
En ellas puede leerse, entre otros principios, afirmaciones como: “El amor de la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles, así como el ser justos y benéficos”o bien: “La Nación española es libre e independiente y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”.
Son palabras que revelan que, más allá del desgaste material que ocasiona el paso del tiempo, mantienen una notable carga simbólica basada en la justicia y la libertad para no adueñarse del destino común.
"La ideología, un velo nacionalista, deviene del calor del romanticismo impulsivo, que encumbre intereses ocultos y consigue revitalizar la ilusión emancipadora de los sometidos, pues nadie es tan opresor como quien sube de la nada"
(Nazario González)
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Un apunte musical de clausura
El pasodoble fue, en origen, una marcha de la Real Infantería -el "paso-doble"- que, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX acabó popularizándose como pieza de baile.
En 1902, el maestro Antonio Álvarez Alonso(*Martos -Jaén-1867-+Cartagena1903) compuso "Suspiros de España" inspirado, según la tradición popular, en los "suspiros", unos merengues que degustaba mientras trabajaba y se vendían en la calle Mayor de la histórica pastelería "España" de Cartagena (Murcia).
Siempre he pensado que esta popular pieza musical podría ejercer como un auténtico himno sentimental: una melodía capaz de transmitir nostalgia, amor de crecimiento espiritual, felicidad para prosperar con el otro y aliviar la soledad si lo interiorizamos escuchando su letra.
Imagínense a nuestros deportistas entonándola a priori para conquistar un campeonato, dejando que sus notas expresen un sentimiento de difícil descripción, un oxímoron de tristeza feliz que fortalezca el sentimiento colectivo y convierta la victoria en un alborozo profundamente humano de amor al país... además, para dejar de ser uno de los cuatro países que no tiene letra oficial el himno nacional (España, Bosnia y Herzegovina, Kosovo y San Marino).
FIN
Esta crónica fue publicada por primera vez en mi web: lavegueta.blogspot.com el día 13 de octubre de 2018.
Maria Luisa Abellan (Sant Cugat del Vallés -Barcelona-)
Maria Luisa Abellan (Sant Cugat del Vallés -Barcelona-)
Excelente crónica José.