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martes, 1 de septiembre de 2020

COVID 19: TÚ NOS ROBASTE EL MES DE ABRIL

Más de dos meses confinados en casa

 

Como canta Sabina… ¿quién me ha robado el mes de abril? Yo, añado… y  mayo, junio, julio… y este agosto…que jamás volverán.

 

A lo largo de mis setenta años, escuché muchas veces, y más de pequeño en nuestro querido Benínar, el énfasis que ponían los mayores cuando hablaban del “Año la Gripe” en el que murieron muchos paisanos, - cómo en su día dejó constancia de ello en este blog, F. Maldonado Calvache con dos estupendos artículos – También falleció atendiendo a sus pacientes, el más insigne de los benineros: D. Eugenio Sánchez Quero, medico, de tan grata memoria para todos.

Tuvo suerte mi familia, pues ninguno de mis parientes más cercanos, incluidos abuelos y tíos, se los llevó aquella maldita gripe.


Ahora, mi familia también nos hemos librado de momento, aunque todos los miembros de mi núcleo más cercano hemos estado infectados, y en mayor o menor grado hemos sufrido la enfermedad y sus múltiples secuelas.

En el pueblo donde residimos un gran número de la familia Gutiérrez, a día de hoy, la pandemia ha matado las mismas personas que en toda la provincia de Almería.


El confinamiento fue muy duro para todo el país, pero mucho más para las familias en las que el “dichoso” virus ha causado estragos, y en este pueblo de once mil habitantes y sesenta y seis fallecidos, más que duro, resultó horrible. Las noticias “volaban como el viento”, y los whatsapps con imágenes de las funerarias sacando cadáveres en bolsas a altas horas de la madrugada, resultaban dantescas y muy preocupantes.

Fueron muchas las personas que sufrieron ataques de pánico, y sin disponer de asistencia médica.


Desinfección en calle de la residencia de ancianos


Cuando te levantas después de una larga noche de insomnio a causa de la alta fiebre, y lees en la prensa local que el día anterior murieron catorce personas, y los reconoces a casi todos por sus nombres; mandas a “tomar viento” al “gelocatil” - que desde hace más de una semana es lo único que te aconseja una voz anónima desde el ambulatorio de Suria, hacia donde habían desviado todas las llamadas - y te vas, a pesar de todas las recomendaciones para “que te mueras en casa” al Hospital General de Manresa, y allá, en medio del “aireado caos” los profesionales tienen tiempo de hacerte toda clase de pruebas, y ver que no hay complicaciones; después de bajarte la fiebre, a altas horas de la noche te mandan a dormir a Tu Casa, la verdad que sientes un gran alivio y la saludas con entusiasmo, y no con la pesadumbre con la que dieciocho horas antes te habías despedido de ella por si no volvías.


Pasaban los días, y las cifras de muertes, aún suavizadas por el gobierno y por los medios afines, eran, y son muy preocupantes. La resaca de la enfermedad, comparada por mí cómo tres o cuatro gripes juntas… y de las fuertes, hace que no seas consciente de toda la realidad. Siguen muriendo personas del modo que todos hemos comprobado. Solas, y sin despedidas dignas y a deshoras, mientras cada día, a las ocho de la tarde, un vecino con un altavoz que “atronaba” todo el barrio, invitaba a la gente a quitarse el miedo cantando y bailando el “dichoso Resistiré” como si no hubiese un mañana. Y ciertamente, así era…había mucho miedo, y un mañana muy incierto.

Buena terapia grupal, que a muchos les levantaba el ánimo.


Preparándose para desinfectar el ambulatorio y alrededores


Se lo han “currao” las televisiones y sus tertulianos tratando de dar información sobre el desarrollo de la pandemia. No puedo decir lo mismo de aquellos que tuvieron la mala suerte de estar en el poder en momentos tan trágicos. Nos entreteníamos e indignábamos con los bochornosos espectáculos llenos de contradicciones, ofrecidos por unos y por otros, aunque a los políticos les pagamos sus sueldos entre todos… y a los periodistas comprados, seguro que también.


El Coronavirus, o Covid 19, nos ha marcado para siempre. Parece mentira que en pleno siglo XXI, un virus, manipulado o no, esté acabando con millones de vidas en todo el planeta. Ahora, a esperar las vacunas mientras se libran carreras y batallas silenciosas entre los países con grandes empresas farmacéuticas, para conseguir las patentes y enriquecerse como siempre, con el sufrimiento  y dinero de la gran mayoría.


La única que de momento ha salido beneficiada, es la Naturaleza. Todos hemos podido ver con asombro cómo los animales salvajes se aventuraban a adentrarse en las ciudades y pueblos. Cabras saltando de tejado en tejado; jabalíes y corzos por los parques; delfines y cachalotes en los puertos, e incluso, los a veces apestosos canales venecianos, con aguas cristalinas y llenos de pececillos.

Contaminación cero, y de la acústica también, pues al no haber tráfico alguno, quedé sorprendido al escuchar durante un par de meses, y a pesar de los 5 km en línea recta que me separan de ella, las campanas de la Seu de Manresa, tocando el Ángelus cada medio día.


Primera salida de Pau después del confinamiento


Cómo sabéis los que me conocéis, no soy entendido en política, ni en economía que no sea doméstica, pero, ¿qué clase de país somos? ¡Cómo y de qué vivimos, para qué ante tres meses de parón, la economía se hunda de esta manera!  

Ahora, resulta que dos meses sin sueldo, y la mitad de España no tiene ni para comer…

Ayer llegaron de Bruselas esa burrada de miles de millones que tendremos que devolver.


Deseo que nadie de mi familia, ni las de los benineros se queden en paro, pues la cosa pinta muy mal.

 

Y cuando parecía que todo andaba calmado, los brotes se multiplican por toda la geografía cómo las setas en otoño. Siguen las defunciones, y mucha gente impaciente por “vivir la vida”, olvida tomar las precauciones que de momento son las únicas que pueden frenar los contagios.

 

Ojalá no nos veamos confinados de nuevo. Fue muy triste no poder ver a la familia durante tanto tiempo, y tristes y llenas de emoción las primeras visitas que desde la calle nos hacían los nietos, cumpliendo estrictamente las órdenes de edad y de horarios.


Una de las primeras visita de nuestros nietos


En una quincena empieza el curso escolar, y serán muchos los abuelos que tendrán que hacerse cargo de los nietos.

Según las precauciones que se tomen referente a este tema, y al del ocio de jóvenes y mayores, así se terminará de escribir esta triste y preocupante página, para España, y para toda la humanidad.

 

Que Dios nos eche una mano.

 

 

Juan Gutiérrez 

S. Juan de Vilatorrada 25 de agosto del 2020, año del Covid 19

 

 

 

 

3 comentarios:

  1. Un año horrible,parece sacado de una película de ciencia ficción, a veces, me despierto y pienso q todo es una pesadilla, pero luego veo q sigue la triste realidad,hasta cuando?? Solo Dios lo sabe, solo espero,q lo podamos contar.

    Salud paisanos.

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  2. En la Granja de San Ildefonso (Segovia), donde estoy pasando unos días, con una población de 5.267 residentes,ayer nos confesaron que el coronachino se llevó por delante a noventa vidas. Consta de dos residencias de ancianos, pero no solo afectó a dicho colectivo... Aunque yo tampoco soy economista, si sumas los muertos de estos dos municipios y los multiplicas por los miles de fallecidos, que estadísticamente se habrán dado en cada uno de los miles de pueblos y ciudades que hay en España, la cifra total es inmensamente superior a la oficial que da el Ejecutivo, que dicho sea de paso, ha pasado el marrón a las Comunidades por ser incapaz de controlarlo ellos mismos a pesar de crear más Ministerios. La Historia juzgará la realidad de los hechos como lo hizo con la mal llamada "gripe española" que a pesar de tantos muertos de compatriotas como hubo de española tenía que la prensa era más libre que ahora y daba la cifra real que otros países ocultaban para desgracia de quienes se fueron y pesar de quienes lo podemos contar.

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  3. Muy bien tu relato de esta pandemia que nos vino sin saber a ciencia cierta como ha venido y de dónde proviene.
    Creo que todos estamos tocados y más aún cuando no es culpa tuya y te privan de unas costumbres y libertades impropias de tu tu viene estar. Ahora buena.

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